Eva Longoria se relaja en las cálidas aguas de Saint Tropez a pocos días de cambiar su estado civil.
Ojalá la pequeña desesperada tenga más gusto con su traje de novia, porque lo que es el bikini (o bañador, ¡vete tú a saber!) que eligió para ir a darse un chapuzón no pasa los mínimos controles estéticos.
Con razón no la invitaron a la première de Dior en Versailles. Su personaje no la ha logrado convertir en la nueva Sarah Jessica Parker porque cuando no está trabajando, se dedica a vestirse de esta forma tan heterodoxa.
Quiero yo ver esa boda este fin de semana, que le voy a tirar de las orejas.
Enlace: The Superficial.






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