
Además de unas ingentes cantidades de botox, microlipos y tratamientos de belleza, las estrellas femeninas en los Oscars brillaron quizá un poco menos de lo habitual, decidiéndose en una gran cantidad por los clásicos rojo y negro para sus vestidos.
El negro fue, desde luego, el protagonista de la alfombra roja. El color lo eligieron desde Penélope Cruz (excesivamente alabada, desde mi punto de vista, con un Chanel) hasta Jennifer Garner (sublime, radiante de Oscar de la Renta). Mención especial recibe una masculina Hillary Swank, que estaba increíble con el toque garçon de su cabello y su vestido Versace.
Por el lado del rojo destacó Heidi Klum (eligió un Dior), que juega en su propia liga y no se puede comparar con nadie, pero también brillaron Anne Hathaway (se dejó un poco las orejas a la vista, a pesar del estupendo vestido de Marchesa), Katherine Heigl (que combinó su rubio platino con un rojo fuerte en labios y vestido) o Helen Mirren, que dejó el color en un burdeos más discreto.










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