
Si no dormían de la preocupación por la noticia de ayer de Eliot Spitzer, gobernador de Nueva York que contrata prostitutas, hoy les tenemos un poco más.
Lo más importante: el góber se va. Sí, sí tiene vergüenza y abandona el puesto que parecía llevar tan bien. Y así es como termina su carrera política, enlodando su nombre y abochornando a su familia.
Lo menos importante pero más morboso: en la página de las acompañantes femeninas de donde Eliot generó todo este escándalo, podemos conocer a la manzana de la discordia. ¿Habrá valido la pena?







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