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En los últimos días hemos podido ver a una cariñosona Lily Allen estrenando novio en St. Barths (el destino turístico de los famosos para estas navidades), donde aprovecharon para navegar y abrazarse en alta mar.

Lily siempre ha confesado una atracción especial por los hombres maduros, de los que cree que puede sacar el jugo de la sabiduría o algo así. A pesar de que no soy gran fan de los hombres con canas (que me perdone George Clooney) creo que está increíblemente bien que la díscola británica no sea juzgada por la diferencia de edad que tenga con cualquier pareja. ¿Cuál sería el sentido de ese juicio?

Por cierto, que el novio es Jay Jopling: hijo de un ministro de la Tatcher, dueño de la galería The White Cube… vamos, ningún cazafortunas.

Enlace: LILY & MYESTERY MAN SOAKS UP SUN IN ST. BARTHS