
Lejos de los escenarios y de lo que uno podría haber anticipado hace algunos años, la vida de Gwen Stefani es la de cualquier otra esposa y madre de familia devota. Más cerca de las Amas de casa desesperadas que del mundo del pop, la cantante aprovecha sus días de descanso para pasear con su marido Gavin Rossdale y almorzar en el restaurante Beverly Hills Deli.
De alguna manera se las ingenia para compatibilizar el trabajo con la familia y así es como cuando no está de gira Gwen se dedica a sus hijos y al resto de sus aficiones.
Claro que, al igual que el resto de las mortales, sufre los reveses de la maternidad y así es como confiesa que se sintió totalmente rechazada cuando su bebé Zuma dejó de tomar el pecho. Lo peor fue que esto ocurrió en el medio del tour y las hormonas no ayudaron a aliviar la situación. ¿El resultado? Un pequeño caos no demasiado alejado de la realidad de cualquier madre culposa.










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