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Roberto Piazza está con mala suerte. Hace pocos días le robaron por segunda vez en el año y desde entonces el diseñador de ropa no puede caminar tranquilo. No es para menos, el robo fue bastante violento y el ladrón lo ató a su cama y amenazó con violarlo. Por suerte, el asunto no pasó a mayores pero no hace falta aclarar que Roberto no tiene paz.

Tal es su preocupación que incluso asegura que sus clientas le ofrecieron refugiarse en Europa para así trabajar más tranquilo. A pesar de lo tentadora de la oferta -imaginen eso de trabajar mirando la orilla del Sena o el corazón del Soho londinense- Piazza confía en que podrá seguir en el país y así es como se ocupó de reforzar la seguridad de su hogar.

Rejas en las ventanas, alarmas más efectivas y un custodio en la puerta de casa parecen ser la solución al alcance de la mano, una suerte de cárcel a puertas abiertas para alguien que ha vivido de cerca un suceso violento. Por lo pronto, el diseñador dice que le dará una segunda oportunidad al país y se quedará al menos durante un año. Luego nadie sabe que será de su vida. Ni siquera el propio modisto.