Es prácticamente indiscutible que Naomi Campbell no anda muy cuerda por la vida y que probablemente necesita ayuda. Todos los que dudaban de esto, luego de ver la entrevista que la supermodelo protagonizó en el programa de Oprah Winfrey  seguramente me darán la razón.

Sentada en uno de los sillones más famosos de Estados Unidos, Naomi dejó escapar sus lágrimas cuando le preguntaron si era una diva de mal genio.

Y sí. Algún sentimiento de culpa por haber agredido a decenas de personas –la gran mayoría eran empleados cercanos- le tenía que quedar. Sin embargo, para serles sincera, no me conmueve ni un poco. Yo entiendo que pueda ser irascible e, incluso, que le cueste contener la violencia física por vaya a saber qué motivo. Pero de ahí a que ande propinando palizas a diestra y siniestra, impunemente, y sin preocuparse en hacer algún tipo de rehabilitación, me parece muy poco responsable de su parte. Y eso no tiene justificativo.