Año nuevo vida nueva. Lindsay Lohan por fin ya está libre del lugar donde no podía dar rienda suelta a sus locuras. Luego de tres meses de sobriedad, la controversial actriz salió ayer por la tarde del centro Betty Ford, como lo había dictado la jueza. Con aires de sabiduría y grandeza se fue citando a Gandhi como su fuente de inspiración: “Un paso a la vez”.

Sus padres que se la pasaron peleando por ella afuera, al parecer no le veran ni un pelo. Mientras todos pensaban que Lilo iba a regresar a su departamento en Hollywood, decidió llevar todas sus cosas en un camión de mudanza a una casa de playa en California, no precisamente para estar sola y escuchar el sonido del mar y esas cosas, sino, simplemente porque en la casa del lado vive su vieja conocida, Sam Ronson. Yo primero pensé que era un plan, que las dos estaban pensando volver a tener una relación amorosa, pero la verdad es que a Sam no le simpatizó en lo más mínimo la idea de tener que hacer de niñera de su ex novia. Según una persona que ayudaba a Michael Lohan en la mudanza de su hija, ni bien llegaron, Sam Ronson salión se su casa y con un gesto de sorpresa y disgusto comenzó mover la cabeza a los lados y dijo:

Créanme, esto no estaba previsto. Yo no lo planené así

Lo siento por Sam Ronson y me alegro por la salida de Lilo. Ahora tendrá que cuidarse como nunca, porque como toda ex adicta, debe seguir ciertos controles para mantener su libertad al menos hasta el 24 de febrero, cuando le corresponde la próxima audiencia. Pero ojalá sea un paso a la vez, y un nuevo comienzo, como ella misma dijo.

Imagen:The Celebrity Cafe