Que Megan Fox no va a estar en Transformers 3, es noticia vieja, y que en su reemplazo estará la infartante Rosie Huntington-Whitley, también. Pero lo que desconocíamos hasta el momento son los motivos por los que decidieron impedir la continuidad de una de las jóvenes más bellas de la pantalla, además, del éxito que en parte se le debió a ella, por protagonizar la dos primeras películas de la saga. Esos motivos tienen que ver con la disconformidad de la actriz ante el carácter de su director Michael Bay.

Según parece, Megan no soportaba los tratos del director, a quién calificó de Hitler y Napoleón. La exigencia de éste y su forma de ser, tenían a Megan quejándose todo el tiempo, lo que la llevó a su fin en el rodaje de Transformers. Antes de dejar esta película ella confesó a la revista Wonderland que no soportaba los tratos de su director:

Lo único que me pide el director es que parezca sexy ante la cámara. Y yo intento hacer lo mejor que puedo. Dios, de verdad desearía poder decir todo lo que siento al respecto. Él es como Napoleón y quiere crearse una reputación de loco. Quiere ser como Hitler en sus sets, y lo es. Es una pesadilla trabajar para él pero una vez que te alejas del set, y no está en modalidad de director, disfrutas de su personalidad porque es muy extraño, irremediablemente extraño. No tiene ninguna habilidad social en absoluto. Y es entretenido observarlo. Es frágil y vulnerable en la vida real pero en el set es un tirano.

Duras comparaciones por parte de la actriz, que en varias ocasiones fue calificada por sus compañeros de rodaje como "más tonta que las piedras" y le recomendaron dedicarse al porno. Pero estas palabras de Megan, mientras todavía pertenecía al reparto, le dolieron más a su productor, Steven Spielberg que a su director, y fue éste el que ordenó la inmediata despedida de la actriz. Y la verdad que por no pensar un poquito antes de abrir la boca, la pobre Megan se quedó afuera de una de las producciones más taquilleras de los últimos años.